Una operación liderada por Estados Unidos para capturar al líder venezolano Nicolás Maduro ha cambiado drásticamente el panorama geopolítico, despojando a Rusia de un aliado clave en América Latina.
La movida expone los límites de la proyección de poder de Vladimir Putin y socava las ambiciones de Rusia en el Hemisferio Occidental, especialmente mientras Moscú enfrenta contratiempos políticos, reputacionales y relacionados con la energía. Se especula si Rusia intentó intercambiar influencia en Venezuela por concesiones de Estados Unidos en Ucrania, pero ahora el Kremlin se encuentra aislado y debilitado. La acción de Estados Unidos se percibe como una demostración de determinación estadounidense y una advertencia a otros regímenes alineados con Rusia.
Las repercusiones podrían remodelar la política petrolera global y complicar aún más la posición de Rusia en conflictos en curso, especialmente en Ucrania.
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