
A pesar de las sanciones de EE. UU. y la UE, las empresas chinas están suministrando abiertamente componentes críticos de drones y tecnologías de uso dual a Rusia e Irán. Estos envíos incluyen motores, microchips y otras piezas esenciales para la producción de drones kamikaze tipo Shahed y otros equipos militares.
Rusia ahora depende de China para más del 90% de sus importaciones de tecnología sancionada, profundizando la dependencia de Moscú en Beijing para sus esfuerzos de guerra.
El flujo continuo de estos bienes ha frustrado los intentos occidentales de frenar las capacidades militares de Rusia e Irán. Esta situación plantea serias preocupaciones sobre la efectividad de las sanciones y la creciente alianza estratégica entre China, Rusia e Irán.
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